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Sonetos_a_cuatro_voces

José Javier Alfaro

Sonetos a cuatro voces
José Javier Alfaro Calvo

Victoriano Bordonaba Castel-Ruiz

Esteban Buñuel García

Juan Colino Toledo

 

Prólogo:

Por Angel García López:

¿Cabe la vida entera en un soneto? Así lo afirmó Manuel Machado en uno de los versos del que titulara Alfa y Omega, y lejos de nosotros el dudarlo o desmentirlo. Entre otras cosas porque muy pocos como él llegaron a entender qué cosa era el soneto y, desde luego, porque nadie mejor que él conocía de los distintos tamaños de las vidas -como ejemplo, la suya- y de las capacidades de esta estrofa para, por desmesurada que una vida sea, poder llegara contenerla íntegra.
Complicado, no obstante, el identificarse con la aseveración de que la vida puede caber en un soneto. Más en estos idus, tan confusos para la poesía, como los que venimos padeciendo. Además, por si era leve, hemos de convenir en que aceptar que nuestra vida -su compromiso de arte y salvación-
quepa toda ahí- en la cárcel precisa, y tan preciosa, del soneto- nos puede
convertir, como muy poco, en bardos sospechosos que todavía no han logra-
do retorcerle el vergonzante cuello al cisne o que no han sabido limpiar las telarañas de su dudoso gusto literario.
Para empezar, cuando se escribe del soneto -como forma más que como fondo, usando de la manida distinción de la escolástica- es muy difícil ser neutral. Sin embargo no conviene -y menos en unas palabras iniciales aun libro integrado en exclusiva por sonetos- elegir bando: ni el de sus defensores a cuchillo ni el de sus cejijuntos detractores. Conviene mantenerse muy al margen y que ambas facciones bizantinas se repartan las mitades casi idénticas de sus razonadas -y muchas veces nada razonables- deducciones en contra o a favor. Porque la cuestión vuelve a su cauce y se nos simplifica, sin llegar la sangre al río, si con ambos bandos aceptamos el comprobable hecho de las miradas de malísimos sonetos -para dar razón a uno- con que los poetas mediocres han anegado el mundo y esas otras enormes torres de la mejor poesía -para dar a otros- que, desde que al marqués de Santillana se le ocurriese copiar el modo italiano, surgieron en el decir de Garcilaso, de Villamediana, Góngora, Quevedo del envidiable Lope, Lorca, Miguel Hernández, Blas de Otero, José Hierro. ..
Aceptado lo anterior, y para ser del todo ecuánimes, conviene una pre-
gunta ingenua: culpable quién, ¿la estrofa o aquel neroniano que, sin rubor y sin respeto, la maltrata y desluce? El poeta Luis Alberto de Santiago, en un texto que le he leído muy recientemente, habla de la estrofa con elogio y ex plica que lo que el soneto nos propone no es más que un cierto equilibrio entre la concisión, la necesaria profundidad y la música; tres características sólo atribuibles a aquel poema que se puede considerar de calidad. Con esto ya tenemos una válida referencia sobre quiénes y cuántos pueden ser esos inquisidores del soneto. Pero se nos aclara más aún: ". ..el soneto es una actitud ante el acto creador que hace patente la conciencionalidad de la expresión poética para superarla mediante el suceso sorpresivo y esencial de la poesía". Cuesta entonces trabajo el aceptarle a tantos encendidos detractores esa enemiga hacia lo tan inocente y sin pecado de la estrofa -para mí, y para cientos, una de las joyas de la preceptiva literaria-, cuyo motivo exclusivo de repulsión consiste en la altivez de sus prestancia y hermosura, en ser eternamente joven y difícil de darse.
Una vez apoyado en la palabra autorizada que se cita, y solicitando el
perdón de quien leyere, sirva tanto exordio para llegar a la alegría de encontrar a quienes concitan el soneto -estos cuatro poetas tudelanos en el presente libro recogidos- como vehículo expresivo en el que llegar a contener sus diferentes cuatro vidas como también sus similares signos de emociones y canto.
Cuatro poetas ya curtidos, con obra copiosa y celebrada de la que penden
galardones y méritos. y los cuales hoy se "arriesgan" a expresar a cuatro voces el contenido total del corazón bajo esa "fermosa cobertura" de un artificio erizado de mil dificultades y de las escondidas mil felices trampas en que, casi siempre, de no estar avisado el cazador, suele quedar cazado. Ellos, sin embargo, usando como armas veinte sonetos cada uno, van a hacer posibles las múltiples revelaciones de la estrofa y van a otorgarle cumplimiento a lo que los profesores García Berrio y Huerta Calvo -en Los géneros literarios. Sistema e historia- explican acerca de cómo en ella -en el soneto- "resplandecen (...) con maravillosa claridad y lumbre de figuras y exernaciones poéticas la cultura y propiedad, la destividad y agudeza, la magnificencia y espíritu, la dulzura y jocundidad, la aspereza y vehemencia, la conmiseración y efectos, y la eficacia y representación de todas" .
De la totalidad de todo esto -con ser mucho- participan nuestros cuatro
autores, es decir los cuatro ejecutores de esta gran cantata, a la que el lector se acercará con interés y agrado en cuanto yo deje de distraerle su atención.
Desde el más joven del conjunto -Alfaro Calvo- hasta Colino Toledo -el más
provecto-, pasando por Bordonaba y Buñuel, el lector va a solazarse con cua-
tro voces diferentes, de calidad irrefutable, convertidas en muestrario de las diversidades de sus vidas; unas vidas a las cuales, muy venturosamente, han conseguido dar cabida -como quisiera Manuel Machado y quedó dicho- en
las catorce barras áureas en sí mismos- otros cuatro muestrarios de una interesante variedad artesanal en las facturas, en las que, bajo un casi idéntico común denominador -la pasión amorosa y el débito sentimental a la tierra nutricia en que se vive o se ha nacido-, se canaliza la poesía a través de manifestaciones de un perfecto dominio del oficio y de unas sapiencias no comunes.
Porque la partitura que se interpreta en este libro no es un solo virtuoso de violín o de piano sino una bien poblada orquesta de instrumentos magníficos en la que va a sonar tanto el solemne alejandrino como el ágil y expeditivo sonetillo, y teniendo allá, en su fondo, la gama más completa y atrevida de los ritmos endecasilábicos distintos, muchos de ellos -hoy sin cultivadores- en trancede extinción.
Y, además, para decirlo de una vez, van a expresarse las diversas cali-
grafías de todas las maneras posibles de manejo, embridadas en cuartetos y
tercetos trabajados en un completo abanico de estructuras: sonetos blancos,
sonetos con estrambote, sonetos acrósticos, sonetos dialogados, sonetos con
paréntesis e incisos que aportan reflexiones incorporadas con éxito al cuerpo del poema. Y un dilatado etcétera. Mas no es tan sólo esto sino añadida la expresión cabal de la sabiduría de los cuatro autores, llevada al ejercicio de escritura de serventesios a la manera modernista o do cuartetos plenos de ortodoxia, al desarrollo versa! sin ningún tipo de fisuras o a los encabalgamientos más abruptos. E igual que ocurrirá con la elección de la frase amplia y distendida a con el balbuceo del decir entrecortado. y en fin, para no ser demasiado iterativo, en las ingeniosas distribuciones de las rimas que buscan la asonancia que traduzca al soneto en un romance heroico o en el intercambio de las rimas consonantes o asonantes en un mismo soneto, o en los versos pares rimados en aguda donde Rubén guiña su ojo.
Todo, según se ve, con una abundancia de medios envidiable que, por
sí sola, evidencia la maestría de este interesantísimo cuarteto. Sólo falta el que junto a ello habría que añadir lo que se nota palpitante en su verdad y que es eso que esplende desde la lectura de este conjunto de poemas: todo el caudal vivido de emociones, recuerdos, nostalgias, esperanzas, tristezas, ilusiones, etc., que conforman el alma del que escribe y hace vivir en los demás. Cosa que ocurrirá en quien, salvadas ya las dilaciones que ocasionan estas prolijas líneas, se adentre en la lectura de las excelentes páginas que aguardan. ,
Madrid, verano de 1993.

Indice:

JOSE JAVIER ALFARO CALVO
TUYO EL AIRE

Para el amor se construyó un camino ..................................17
Urgir el movimiento de la luna .......................................18
Con la temprana luz de tus anillos ...................................19
Vomítame el calor de tus estíos ......................................20
Verte venir, ¿acaso hay mayor goce? ..................................21
¿Con qué impasible adiós y sin aliento? ..............................22
Que me urge el temblor de tu cintura .................................24
De la pasión más alta que he vivido ..................................25
Tuyo el aire, la cumbre y el sonido ..................................26
La luna bajo el río. La alameda ......................................27
Mi vida es un verano de alientos y de preces .........................28
Que nunca fuera noche la aventura ....................................29
De niño no quería que llegase la noche ...............................30
¿y para qué soñarte y escribirme? ....................................31
Son las seis de la tarde. La sorpresa ................................32
De tu luna me quedan sus latidos .....................................33
Digo sed y me llueves tierna y pura ..................................34
Yo sé que nunca morirá la vida .......................................36
Se fue un día tu sombra. La memoria ..................................37
A la luz de tu sed hice el camino ....................................38

VICTORIANO BORDONABA CASTEL-RUIZ
DE AMOR
Jardinero ............................................................45
Amar .................................................................46
Tus ojos .............................................................47
Geometría ............................................................48
Nunca ................................................................50
Envidia ..............................................................51
Mujer ................................................................52
¿Qué me importa? .....................................................53
Tus dedos ............................................................54
Soledad - Multitud ...................................................55
Mi padre .............................................................56
Y DE TIERRA
Sonetico .............................................................59
El ciprés, el olmo, el chopo .........................................60
El chopo .............................................................61
Tudela ...............................................................62
La Catedral ..........................................................64
El Ebro ..............................................................65
La Mejana ............................................................66
La Bardena ...........................................................67
Soneto viajero .......................................................68
ESTEBAN BUÑUEL GARCIA
DE MI AMOR
Barruntos de poeta adolescente .......................................75
Soñando que te digo y queme dices ....................................76
Genial beodo que mi carne habitas ....................................77
Siendo ya hoguera para ti encendida ..................................78
Sin frontera en la tuyo y en lo mío ..................................79
Inefable delirio .....................................................80
Para el amor perfecto ................................................81
Con las manos sin alas ...............................................82
Un panal de ternura en nuestro nido ..................................83
DE MI FE
Amor entre infinitivos y gerundios ...................................87
Abuela nuestra .......................................................88
Alba de amor .........................................................90
Para dártelo en llama, fuente y beso .................................91
Clara diana de amor ..................................................92
DE MIS RAICES
Me llega de los siglos esta hombría ..................................95
¿Mi soneto?: un canal que antes fue río ..............................96
Un pedagogo ducho en el oficio .......................................97
Desde Tudela al cielo ................................................98
Don del Ebro ....................................................... 100
Con la tarde ya herida ..............................................101


JUAN COLINO TOLEDO
AMADA VOZ
Amada voz ..........................................................107
Desde el profundo mar de su mirada .................................108
Sobre este río nuestro .............................................109
El retrato .........................................................110
Extasis ............................................................112
En sus labios el sol ...............................................113
Hermana nieve ......................................................114
Samaritana .........................................................115
Al alba ............................................................116
Amarga ausencia ....................................................117
Sueños de amor eterno ..............................................118
Luces y sombras ....................................................119
El verso perdido ...................................................120
El regreso .........................................................121
Gozosa esclavitud ..................................................122
En el vivo crisol de nuestros labios ...............................123
Elegía .............................................................124
Ensueño ............................................................126
Gozos presentidos ..................................................127
Final ..............................................................128