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Pedro A

Pedro A.Carpena

poesía

Aproximadamente

 

Nacido en Hellín, provincia de Albacete el 6 de enero de 1955. A los 29 años le fue diagnosticada una Esclerosis Múltiple –enfermedad degenerativa del sistema nervioso central- que le lleva a una silla de ruedas.

 

Es a partir de ese momento que se produce su acercamiento a la poesía y la pintura.
Obtiene el Primer Premio de poesía en el “VIII Certamen Literario Casco Antiguo-96” de Barcelona.

Colabora con la revista “E.M.” de la Asociación Catalana “La Llar” del Afectado de Esclerosis Múltiple.           

Como integrante del Taller de Pintura, Arte Para La Vida, participa en las siguientes exposiciones:

1998 Ateneo Montserrat de Hostafrancs - Barcelona.
1999 al 2004 Supermercado de Arte American Prints de Barcelona.
2000-03 Palau de Mar -Departamento de Bienestar y Familia de la Generalitat de Catalunya-.
2001 Fundación Integralia.-Barcelona.
2003 Centre Comercial L’Illa Diagonal -Barcelona


Presenta en este espacio una seleccion de sus poemasextraidos del "proyecto" de libro al que ha titulado "Aproximadamente". En él se encierran mas de 20 años de experiencias de vida y sentimientos.

Si alguna persona, entidad o editorial estuviera interesada en publicar el libro puede contactar con el e-mail del autor: pedrocarpena@hotmail.com o al e-mail de conelarte.com: info@conelarte.com.

Aproximadamente


No me pidáis nunca
grandes cosas,
ni esperéis de mí
grandes detalles,
tan sólo verme
con mi piel de hombre,
intentando ser,
de todos un amigo.

 

Capítulo I

Nací lejos del mar, crecí mirando al mar, vivo

amando al mar.

Pescador

Con tu piel quemada por el sol
y las manos cortadas
de estirar las redes,
pides, además de peces,
al mar una respuesta.
Tus ojos firmes
buscan el horizonte,
siempre soñando
que volverás mañana,
que te estará esperando.
Sueñas con su brisa fresca,
sueñas con su olor salado
y antes del amanecer
despliegas tu vela al viento,
siempre, a faenar dispuesto.
Hablas con las gaviotas
en un vuelo rasado,
aladas compañeras
que están siempre ha tu lado.
Aún brilla clara
la luna en el cielo marinero,
tu barca espera navegar de nuevo,
surcar las olas,
llegar primero.



Locura

Abre tu pecho mi amor,
deja escapar la ternura,
envuélvela de locura
llenándome de calor.
Ábreme tu corazón
como si fuera una flor,
embriágame con tu olor
y bésame con pasión.

 

Capítulo II


Estaba triste de la cabeza a los pies, no era

capaz de encontrar ninguna puerta, quería

navegar y el viento no soplaba.

 

Alma de madera

Mi barca ya no navega,
ya no surca el ancho mar,
ya no embiste tempestades,
tan solo sabe soñar.
Ya no despintan las olas
el color de su madera,
amarrada está en el puerto,
ya no hay nadie que la quiera.
Mi barca está triste y sola
se olvidó de navegar,
solo recuerdos le quedan
de montar sobre las olas,
de surcar el ancho mar.
Duerme sujeta a una soga,
lejos de la tempestad
y entre lágrimas se ahoga
pensando en su libertad.
Quemar su vieja madera,
cuando le llegue la muerte,
junto a las olas del mar
para que sirva de puente
en su nueva primavera.

Cuando recuerde estos versos sinceros y
apasionados, quiero en mis manos tus manos,
quiero en mis labios tus besos.

 

Caminar contigo

Apenas un recuerdo
de sueños olvidados,
de una playa dormida,
tienen mis pies cansados.
Con ganas de luchar,
atado a mil cadenas,
quisiera caminar
descalzo por tu arena.
Espero un viento fresco
que a navegar me lleve,
cruzando el horizonte,
donde la vista llegue.
El difícil camino
que falta por recorrer,
quiero hacerlo de tu mano
para no desfallecer.

 

Capítulo III


Cuarenta días después de escribir este

poema, sentí deseos de volver a luchar, de

seguir adelante, de volver a empezar.

No digas adiós

Hoy tengo el alma herida,
no quiero que se note
ni que me veas llorando
en nuestra despedida.
No digas adiós
que sabe a muerte,
prefiero un ¡hasta pronto!,
¡que tengas suerte!.
Mis anhelos, mis sueños,
se van con tu equipaje,
tan sólo un paso más
y acaba nuestro viaje.
Mi corazón se queda
solitario y frío,
como aquella playa
a la que jamás volveremos.
Pero no digas adiós
que sabe a muerte,
prefiero un ¡hasta pronto!,
¡que tengas suerte!.

Envidia

Altiva señora,
reina de la noche,
por el monte cabalgas,
por el mar navegas,
con vestido de plata
y cola de estrellas.
Aunque estás tan alta,
cuando cruzas el patio
con tu alma de gata,
no puedes evitarlo
y lloras de envidia,
porque no brillas tanto
Como sus ojos brillan.
Tú la viste nacer
y seguiste sus pasos
para ver una estrella
convertirse en mujer.
Si se baña en el río,
callada, envidiosa
tu te bañas tras ella
persiguiendo su estela,
de su pelo, celosa.
Altiva señora
reina de la noche,
tu que eres tan bella,
me lloras de envidia
porque a ti no te miro
como la miro a ella.
Altiva señora,
seca ya tus lágrimas,
olvida los celos
y alumbra el camino,
que tú eres mi amiga
y ella mi destino.

¿Acaso tienes miedo?,
reina de la noche,
de que de ti me olvide,
de que la quiera tanto
que a ti ya no te mire.
¿Comprendes señora,
que viva encandilado
de su inusual belleza,
que me trae tentaciones
y a ti tristeza?.
Reina vanidosa,
imaginar no podías
que la luz de sus ojos
brillase más cada día.
Silenciosa te asomas,
silenciosa te vas,
recordando mil noches
que pasaste conmigo
navegando en el mar.
Cuando escuchas su risa,
cuando la ves bailar,
altiva señora,
te devora la envidia,
no lo puedes negar.
Por eso, amiga mía,
aunque eres tan bella,
me lloras de envidia
porque a ti no te miro
como la miro a ella.
Si nos ves caminar
descalzos por la arena,
te consumes de pena
y detrás de las nubes
te escondes para llorar.


Una y otra vez,
te preguntas mil veces
que puede suceder,
cuando acaricie su cara
serena al anochecer.
¿Qué tiene su sonrisa
y el tacto de su piel?,
¿qué me tiene hechizado?,
no puedes entender.
El lucero del alba
me ha dicho esta mañana
que te ha visto enfadada,
cruzando la bahía
con aires de reina destronada.
Hoy no alumbras segura
la senda al caminante,
tienes tanta amargura,
que tu luz ha quedado
fría y distante.
La espías para ver
que esconde su mirada,
que tiene esa mujer
que brilla diferente,
feliz y apasionada.
Reina eres amiga,
señora de la noche,
tú lo sabes,
pero a pesar de todo,
envidia tienes
hasta de sus andares.
Te deslizas por los tejados,
nocturna dama,
ayer dominadora,
hoy insegura,
porque has visto su cara
hermosa y pura.


Por eso amiga mía,
tu que eres tan bella,
me lloras de envidia,
porque a ti no te miro
como la miro a ella.

 

Capítulo IV


Tabaco

Tus ausencias me dicen
que estas con otro,
que te quita la vida
poquito a poco.
Paso a paso
me estás abandonando,
te vas con él,
yo me quedo llorando.

 

Búscame

Búscame en el mar
mirando al horizonte,
búscame en el río,
búscame en el monte,
también en la noche
cuando tengas frío.
Búscame en el viento
y en aquel lucero.
Cógete a mi mano,
sabes que te quiero.