Visita Nº
Página de las artes.
Ir a Página de Inicio Relación de todos los artistas y autores que exponen. Mándanos un Email. Disculpad las molestias. Libro de Visitas CLAUSURADO. Tablón de Anuncios y Noticias Forum del Arte
Recordando a Julio

Recordando a Julio

“Como si apretases un guante o el cuello de un gatito negro”.                         

Julio Cortázar
       

Veías tu cara en el fondo del lavatorio, turbia como el agua que escupís, aferrado a esa noche de caricias, rasguños y gritos. Pensaste en el relato que ibas a escribir sobre la hoja desnuda que te observa, como te mira ella, también desnuda, esperando el momento que los haga sentirse vivos: a la hoja de papel, a ella y a vos. Los tres metidos en el tiempo, sintiéndose aunque sólo sea un instante.


Hoy, a las seis de la tarde, en el Centro Cultural San Martín, se llevará a cabo un homenaje con motivo de su muerte. El ministro de Cultura, el presidente de la Sociedad Argentina de Escritores y destacados poetas y artistas disertarán sobre la obra del escritor desaparecido.


Cuando vino el año pasado, no le hicieron ningún homenaje, gritó un hombre de unos cincuenta años, delante de los funcionarios. Siempre pasa lo mismo. ¿De qué le sirve ahora que está muerto? Ve señora, ya están sentados en la primera fila mientras nosotros nos deslomamos haciendo la cola. Usted exagera, dijo la mujer de unos sesenta años y aspecto de directora de escuela primaria. Las jerarquías hay que respetarlas, sobre todo en una democracia. Falta mucho para llegar a una democracia, a ver si se cree que porque votamos vamos a tener un gobierno que piense en el pueblo. No empujen, acá no vinimos a hacer política. Estás equivocado, ahora hay que exigir hechos concretos como sentarnos todos juntos. Hay que pedir cultura, no empujen que voy a aplastar a la señora y todavía faltan subir los escalones. Esto es peor que los cines de Lavalle. Nosotros los votamos y resulta que están sentaditos, adelante, en los mejores lugares, tomando Coca Cola.


Arrojás el dentífrico y te seguís viendo en ese lavatorio lleno de nostalgia, con un miedo inmenso que no podés explicar. Lo sentís fluir muy adentro, hasta que lo destilás cuando preparás el café y escribís unas horas para hacerle caso a esas ganas de inventar una historia como ésta. Con Lucho que conoce en el metro a Dina, cuando roza intencionalmente su guantecito negro entre montones de manos y codos. Se dicen unas pocas palabras hasta que ella lo invita a conocer su departamento.


A los empujones, como si se tratara de entrar a la popular del hipódromo o a una cancha de fútbol, intelectuales, estudiantes, profesores, jubilados y público subieron por las escaleras y entraron al salón principal. Esto es un desorden, para entrar tardamos más de una hora. No se queje, va a tener seis años para eso. No se puede hacer todo de golpe. ¿No escuchó a la Filarmónica en el Parque Lezama? ¿Y qué me dice de los centros culturales en los barrios? No empujen, el salón es muy grande. ¿A dónde quieren ir? No lo van a resucitar.
_ Habría que encontrar las causas - dijo Lucho - . A lo mejor habría que ir muy lejos, casi hasta el final si queremos encontrar algo juntos.
_ No entiendo de qué hablás. Me das miedo, mucho miedo - confesó Dina.
_ Quiero hacer una historia y luego otra y otra - le dijiste mientras le servías un poco de café.
_Si no subiste por mí, no quiero escucharte - gritó Dina.
_ Nada me sirve fuera del papel. Ni siquiera vos, aunque sea un disparate o una crueldad decírtelo. Te necesito en el espacio en blanco, tengo que escuchar el ruido de la máquina tecleando la trama, en este caso la de Lucho y Dina. Sólo así encuentro la puerta de este cuarto, la perilla de luz, la ventana y a vos, aunque tus cinco dedos busquen ahora enroscarse en mi cuello.
_ Te dije, te dije que no soy un personaje de tu historia - gritó ella.
_ Ayudame a encontrar la lámpara o unos fósforos. Tienen que estar en la mesa de luz, no quiero seguir tanteando a oscuras. ¿Dónde estás? - exclamó Lucho.
Tu mano se cerró sobre la garganta de Dina, como si apretases un guante o el cuello de un gatito negro, hasta que la soltaste porque te dolía el pecho y no podías respirar.


No encuentro el final de esta historia, aseguraste. Por más vueltas que le dé, no me convence. Jadeabas, quisiste incorporarte para buscar la luz del velador y seguir escribiendo, pero no pudiste. Un dolor profundo te oprimía el pecho y las ideas se te mezclaban. Ya no sabías si esa mujer que estaba con vos era ella o Dina, si vos eras vos o Lucho.


No me queda tiempo, precisaste. Siento que se acaba y me parece que las ideas que pasan por mi mente ya las escribí. Es hora de hacer un cuento sin final. A lo mejor sería mucho más interesante escribir un relato donde los personajes y los hechos recomenzaran y no concluyeran.


Ella pareció no entenderte. La fiebre formaba gotas en tu rostro, esbozaba nuevas historias, trayendo antiguos cuentos. Un intenso frío se apoderó de tu cuerpo. Después de un profundo jadeo, caíste hacia atrás. Tus ojos inmóviles traspasaron la ventana. Habías muerto.


Al comenzar el acto, el locutor señaló: Él no murió. La noticia es totalmente falsa. Fue comunicada por inescrupulosos, por insensatos. Seguramente alguna editorial con el fin de aumentar las ventas de sus libros. Quizás por periodistas que quisieron escribir columnas sobre su muerte. Tal vez por alimañas que siempre andan buscando historias. Qué mejor cuento que el de su muerte.
El público, ansioso, miraba hacia el escenario. Los aplausos y los vítores estallaron cuando el locutor anunció que estabas allí para desmentir tu muerte y leer el último de tus cuentos inéditos.


Cuando saliste al escenario, la gente vio a ese hombre alto que con voz ronca refería: "He llegado desde París para desmentir mi muerte y de paso contarles mi último cuento. Pensé terminarlo en el avión, pero el sueño y las preguntas de los pasajeros pudieron más. Les confieso que la noticia de mi muerte me asustó, pero ya estoy mejor. Después de este encuentro me iré a la casa de Banfield donde me espera mi familia. El lunes comenzaré el profesorado de letras. Los sábados relataré box desde el Luna Park. Dentro de unos años viajaré a París donde escribiré Rayuela. También llegará el momento de conocer Nicaragua y disfrutar el hermoso amor de Carol. Más tarde vendrá ese supuesto final donde muero por una injusta enfermedad. Pero ya ven que no es cierto, que es obra de algún escritor entusiasmado con finales trágicos. A esta altura de mi vida prefiero los cuentos sin final".


Veías tu cara en el fondo del lavatorio, turbia como el agua que escupís, aferrado a esa noche de caricias, rasguños y gritos. Aún no habías leído el diario que anunciaba que varios escritores hablarían en tu homenaje en el Centro Cultural San Martín.