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Lidia Cenjor Heras   Relatos         "¿Sería una sirena?"

Lidia Cenjor Heras


 

Relatos

          "¿Sería una sirena?"


Hacía muchos años que no la había visto. Tantos, que cuando la vi, pensé que era sólo una sombra o una querencia de mi pasado.

    Fue en mi octavo cumpleaños. Tú habías tenido que marcharte a trabajar y yo estaba triste. No me sentía completo sin ti. Éramos padre e hijo, pero, sobre todo, amigos. Me llevabas a dar paseos en la barca y me enseñabas todo lo que sabías del mar. Me encantaba todo aquello y me quedaba fascinado cuando me contabas esas historias de piratas, tesoros, sirenas... Ellas sí que me atraían, que el resto me gustara o no, era fruto de tu trabajo.

    Estaba sólo en casa y me marché al faro donde tan buenos ratos habíamos pasado juntos. Desde allí podía contemplar el mar, ese mundo misterioso en el que me habías sumergido desde pequeño y que compartíamos. Bajé a la piedra más cercana, estaba fría, húmeda, inerte, al igual que el día. Entonces escuché aquel canto divino, dulce y femenino. Viré hacia el lugar del que provenía y allí estaba, tal como me la había imaginado en tus historias, con sus largos y rubios cabellos, con su esbelto cuerpo de mujer y lo que más me llamaba la atención, con esa cola de pez azul verdosa que conjuntaba con el mar.
   
    Hoy iba a visitar a “mamá”. Me he trasladado a la gran ciudad y sólo puedo irla a ver de vez en cuando. Iba en barco, desde que no estás no he vuelto a probar lo que se siente. De nuevo me sentí solo, como aquel octavo cumpleaños. Tú no estabas allí, y ese gran charco salado me hacía recordarte. Deseaba volver al pasado, me coloqué donde lo hacía cuando salíamos juntos, en la popa, intentando tocar el agua que un día me enseñaste a amar, pero no lo conseguí, así que decidí marcharme.

    En el momento de irme, una intuición me hizo girar la cabeza y la vi, creo que era la misma que hace treinta años y sigue casi igual de joven. Nadaba con agilidad y con la elegancia de un delfín. Quise seguirla pero la sombra desapareció. ¿Sería una sirena?

    Cuando he llegado a casa, se lo he contado a “mamá”, pero ella no lo ha entendido. Ya sabes, nunca le gustó que navegases y menos desde que te perdió por culpa del oficio que tanto detestaba.

    Ahora estoy en el faro en el que la vi por primera vez. Te estoy escribiendo estas últimas líneas porque quiero que sepas que de verdad existen. Aunque creo que tú ya lo sabes, y que en este mundo submarino te están cuidando mucho. Creo que era amiga tuya, que tú la mandaste, aquella vez y esta. ¿Es cierto? Ahora voy a meter esta carta en una botella y la lanzaré al mar. Seguro que él la tratará bien y te la hará llegar, aunque espero que pase por muchas manos antes. Quiero que la gente crea en ellas, será la única forma de devolverlas a esta vida y con ellas a todo lo que se llevaron, entre todo, te quiero a TI.