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Leandro González  Leyenda del Mural su Significado

Leandro González

Leyenda del Mural su Significado

Cuando se está planificando la realización de una nueva obra hay diferentes factores que se deben tomar en cuenta. En el caso específico de una pintura, que es la representación estática pero vívida de un panorama, de una situación o de un sentimiento, la composición tiene que estar estrictamente sometida a las especificaciones del comprador o futuro dueño, pero es imposible abstraer al artista de su cosmovisión particular, aun cuando éste se preocupe sobremanera por reflejar profesionalmente las indicaciones del adquiriente.
En el caso específico de un mural, ya sea que el mismo se realice sobre la pared con el método del fresco o con la famosa pintura acrílica moderna, o que sea realizado al óleo en el estudio y luego montado en la pared, como es el caso en el mural que nos ocupa, el mismo deberá reflejar el espíritu de la institución que lo acogerá y se deberá tomar en cuenta las características mismas del recinto que lo exhibirá.
Apegados a esos cánones universales hemos hecho un gran esfuerzo por interpretar del modo más cabal posible el contenido del mural principal que hoy decora
el Palacio de Justicia de Mao. Es bueno señalar que la preocupación de un servidor en los detalles de cada figura (elementos principalísimos de todo mural artístico) ha sido influenciada por una cuidadosa observancia de la anatomía humana.

Valiéndonos de modelos naturales llevamos al lienzo las poses más genuinas posibles, a sabiendas de que las expresiones de cada postura plástica deberá interpretar lo mejor posible la filosofía de la Suprema Corte de Justicia dominicana, y sus ideales para el pueblo que representa.
Al través de esta obra de arte del Palacio de Justicia de Mao, todos los que serán responsables de aplicar la justicia aquí, deberán encontrar en esta representación una fuente de inspiración para alcanzar las aspiraciones más nobles en favor de la dignidad humana. De la misma forma, todos cuantos acudan de alguna manera a este lugar sagrado, deberán ver en la pintura mural un mensaje a sus conciencias que eleve su nivel de seres humanos, y les motive a la reflexión.
En primer plano y en el centro del mural encontramos la imponente figura femenina que representa la justicia. Sus dimensiones son monumentales, porque su apariencia revela el tema del mural en sí. La espada que ella sostiene señala a la Biblia como ¨La Ley de Dios¨. La venda puesta en su cara no significa ceguera sino imparcialidad sometida a los designios divinos, a la luz de la Suprema Ley; esto garantiza la justicia para todos.
La balanza es el equilibrio de la mente, de los juicios, de las deliberaciones y de las decisiones a favor o en contra de los que son juzgados. La mujer en su postura simboliza la firmeza, la reciedumbre, pero también la humanidad, la bondad y la equidad que debe motivar a todo magistrado a la hora de ejercer su función de siervo de Dios en la aplicación de la justicia temporal. Con la cabeza en el cielo, que es el ideal, pero al mismo tiempo con los pies afirmados  en la tierra.

Las dos figuras de los magistrados en pleno ejercicio es una cátedra viva para todos los que ejercen esta función y para los que aspiran a ser protagonistas en  el estrado. Señala hacia arriba en triple sentido: primero a Dios como superior sobre todos y Juez Supremo, luego a la parte humana misma como operante y representante de la justicia divina temporal aquí en la tierra “que no en vano lleva la espada” (Romanos 13:4), y por último a Jesucristo en sus dos manifestaciones culminantes: en una como obrador del más sublime acto de vindicación y justicia en favor de la salvación de la humanidad, satisfaciendo la justicia divina que demanda propiciación, cosa que logró en su muerte vicaria, expiando así las culpas de todos los que creen en él, en ese acto único salvífico. Ahora ejerce en el cielo su función de Abogado Defensor de los que han sido redimidos. En la otra vemos  como al final de los tiempos vendrá como Justo Juez que habrá de sacar a la luz todo lo oculto, de modo que ningún crimen quedará impune. El magistrado al mismo tiempo señala hacia El Libro, que contiene los códigos de justicia a los cuales se debe todo fiel jurista.
Por otro lado, encontramos a una mujer que protege a un niño. Esto tiene varios significados: por una parte es la mujer en sí que es protegida de la violencia del mundo y de los abusos de los hombres, es la madre que recibe amparo, y en última instancia es la patria misma que socorre y es socorrida.


Ella misma es defensora de los ciudadanos, por eso está del lado de la justicia, cerca de ella para salvaguardar lo más sublime de la nación, esto está enfatizado por la presencia notoria de la bandera.
Hay en primer plano un hecho criminal, la víctima y el victimario, un hecho perpetrado que no puede esconderse por más que se huya buscando impunidad. Personifica la tragedia humana fatalmente cotidiana que nos recuerda el primer acto homicida de que nos habla la Biblia, la historia de Caín que mató a su hermano Abel. Cada vez que un ser humano derrama sangre se repite este bochornoso acto que trajo la desgracia al seno de la primera familia.
En un extremo vemos a un hombre que está a punto de cometer un crimen, pero  la conciencia y los principios le sirven de freno porque es consciente de sus responsabilidades como ciudadano del mundo. El piensa antes de actuar y mide las consecuencias de sus actos y en el gran peso de la retribución ineludible.
Dos figuras en los extremos superiores sirven de marco: en uno hay sumisión, sometimiento, resignación, búsqueda de regeneración, reconocimiento de los valores esenciales para la convivencia pacífica. Hay meditación, no está dispuesto a seguir la carrera sin sentido de la delincuencia, para él hay esperanza.
En el otro extremo hay uno que no se resigna, que sigue siendo rebelde, que no acaba de aprender la lección, que se vuelve reincidente y a quien la falta de juicio le ha nublado la conciencia, y no se da cuenta de su condición, para ese hay pocas esperanzas, pero es deber de la justicia lidiar con él hasta el último momento.

Ambos deben  recibir el apoyo necesario. En los casos de esos individuos desahuciados la justicia puede confiar en el poder divino como único recurso posible de cambio positivo, ha de apelar al auxilio de las iglesias y los ministros de Dios en procura de sembrar la fe y traer sensibilidad a la conciencia.
Juntamente con las columnas laterales están dos figuras que representan el soporte, la ayuda, el respaldo. Uno es Alfa y el otro Omega, que simbolizan el principio y fin de la obra, pero al mismo tiempo, razón de ser y motivo del mural, y en sentido más estrictamente teológico, el fundamento y propósito de la justicia: Los absolutos de la verdad que son inapelables y el cumplimiento riguroso de los principios eternos existentes para bien del hombre. La naturaleza de la ley es moral, ética; responde a patrones que buscan salvaguardar la integridad del universo y de los seres que viven en él.
Complementan todo este conjunto de ideas representadas, el fondo amalgamado con visos cubistas, que son enriquecidos con otros detalles adicionales.  Nos hemos cuidado   lo mejor  posible  de partes innecesarias.
Todo el mural es rematado con un  marco en madera. Este marco se hace parte integrante del mural en el sentido de que está en armonía con la magnitud de la obra y de la edificación.
Es la suprema ambición de este humilde artista que todos cuantos le honren con la gracia de ver su obra, reciban como premio la dicha de ser elegidos para hacer su propia crítica e interpretación.


Es obra imperfecta, pero hecha con el más perfecto amor y el más estricto apego a la profesionalidad de que es capaz este siervo del Señor y de ustedes.