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Los Paisajes en la tierra de Benjamín --

 

Exposición SDR-Arenas

JESÚS ÁLAVA
     
Tudela:Los Paisajes en la tierra de Benjamín
     

Tudela, los paisajes en la tierra de Benjamín

Redescubrir los paisajes de la Ribera Tudelana, a través de este personaje, es la filosofía que ha guiado mi trabajo durante estos dos últimos años.

Cuando reflexiono sobre las luces, los atardeceres, los aromas, los colores que pudo ver Benjamín, no puedo detenerme y salgo al campo con el único propósito de mirar y ver.

Mi incansable búsqueda de paisajes intactos es la búsqueda de un mundo antiguo que une al hombre Con la naturaleza.

Intento en este trabajo no mostrar las consabidas fotos para turistas. He recorrido esta tierra de contrastes con mi pesado equipo y aseguro que no se puede entender el carácter de estas gentes si no se ha viSto y sentido el paisaje y la naturaleza que les envuelve.

Sotos, Riberas, Bardenas, han pasado ante mí sin miedo, quietos, impasibles, Como si después de tanto tiempo me esperaran. Arabes, Judíos y Cristianos sufrieron el azote el viento, su sol abrasador, las crecidas del río Ebro, y así pasamos de las feraces huertas de La Mejana a las áridas tierras bardeneras. Durante este trabajo experimenté emociones y cansancios. Recuerdo la larga espera y el intenso frío que pasé para fotografiar las tormentas en los campos de Ablitas, o las veces que subí a las montañas denominadas Roscas de Fitero, para fotografiar sus puestas de sol.

Estoy seguro de que Benjamín sintió también estas emociones; que alguna vez contó a sus paisanos judíos de Tiberiades o de Damasco, como eran los paisajes de su Tudela natal. Después de este y otros trabajos, veo mucho más clara la idea de apostar por una naturaleza más cercana y menos agredida, con el convencimiento de que no se puede entender al hombre sin la naturaleza, y a esta sin ese gran espíritu que todo lo ímpregna, que llamamos Dios.

Jesús Alava, Tudela 1997

BENJAMIN DE TUDELA
 

Benjamín b. Yonah de Tudela vivió en la segunda mitad del siglo XII, y fue el viajero judío medieval más importante. Poco se sabe de él; la única fuente de que disponemos es su Libro de Viajes. Aunque los escritores no judíos le titulan frecuentemente de "rabí", no existen pruebas de que lo fuese, si se exceptúa la abreviatura convencional prefijada a su nombre en las fuentes hebreas.

A partir de evidencias internas, el inicio de sus viajes podría fijarse entre 1159 y 1167, y su regreso a España, en 1172-1173 (año 4933 del calendario judío). Tales periplos, pues, tuvieron una duración mínima de cinco años y una máxima de catorce. Dado que la última etapa-desde que dejara Egipto y llegara a España-duró por lo menos un año, la última hipótesis parece la más probable. También se desconoce la finalidad de estos viajes, si bien se ha sugerido que Benjamín de Tudela era comerciante en piedras preciosas; consta que en más de una ocasión mostró vivo interés por el comercio del coral.

Su Libro de Viajes se basa en las notas e impresiones recogidas durante su dilatado periplo. Desde la ciudad de Tudela -reino de Navarra- desciende por el valle del Ebro:
Zaragoza, Tortosa, Tarragona, Barcelona y, vía Gerona, penetra en Provenza. Embarca en Marsella y viaja a Génova, Pisa y Roma, ciudad ésta en la que debió detenerse un tiempo, a juzgar por el minucioso relato que ofrece de sus antiguos monumentos.

Deja Roma y marcha hacia el sur. Reembarca en Otranto pasa por Corfú y Arta, atraviesa Grecia y se detiene en Constantinopla, de la que ofrece una viva descripción de gran importancia para el conocimiento de las condiciones y situación socio-económica de sus habitantes, judíos o no. Cruza el Egeo (islas Mytilene, Chíos, Samos, Rodas) hasta Chipre; llega a tierra firme y, luego de pasar por Antioquía, Sidón y Tiro, entra en la tierra de Israel por Acre, a la sazón en manos de los Cruzados. Recorre el país y describe detalladamente los Santos Lugares dejando, con ello, un documento de singular interés para el conocimiento de la Palestina de aquella época.

De camino hacia el norte, pasa por Tiberíades, Damasco, Alepo y Mosul, con un itinerario difícil de precisar. Llega a Bagdad, ciudad que describe con mayor extensión que cualquier otra. Parece probable que viajara a lo largo y ancho de Mesopotamia y Persia, aunque en estos relatos abundan los materiales legendarios. Resulta improbable, empero, se aventurase a traspasar estos ámbitos geográficos, aunque hable-con cierta fantasía-de China, India y Ceilán.

Ya de vuelta, Benjamín de Tudela hace una admirable descripción de Egipto y, en especial, de la vida judía en El Cairo y Alejandría, ciudad en la que embarca para arribar a Sicilia, dejando de Palermo una descripción cuidadosa y pintoresca. De allí, presumiblemente, regresa por mar a España, aunque el itinerario finaliza con una idealizada visión de la vida judía de Alémania y del norte de Francia, basada tal vez en relatos que llegaron a sus oídos.