Visita Nº
Página de las artes.
Ir a Página de Inicio Relación de todos los artistas y autores que exponen. Mándanos un Email. Disculpad las molestias. Libro de Visitas CLAUSURADO. Tablón de Anuncios y Noticias Forum del Arte
Murchante_SigloXX

Murchante

La larga lucha por su libertad

Siglo XX


La II República.
La creciente oposición a la Dictadura acaudillada por los intelectuales y el poco apoyo que recibía del ejército precipitaron la caída del General Primo de Ribera (30 de enero de 1930). El rey Alfonso XIII encargó entonces formar gobierno al general Berenguer con el objetivo de preparar la vuelta del régimen parlamentario roto en 1923. Pero para entonces existía un amplio frente antimonárquico que abarcaba socialistas, republicanos y catalanistas decididos atraer de nuevo la República como forma de gobierno en España. El primer paso para volver al régimen parlamentario son las elecciones tanto a Cortes como municipales. Intentando ganar tiempo, el gobierno del General Aznar, que había sustituido a Berenguer, decide convocar elecciones municipales que habrían de celebrarse en la primavera de 1931 concretamente el domingo, 12 de abril. Una vez celebradas éstas, triunfa en las principales ciudades del país la coalición republicano-socialista. Se constituye en Madrid un comité revolucionario que proclama el día 14 la II República Española. Para entonces el rey, deseoso de evitar enfrentamientos, se ha exiliado por Cartagena con destino a Francia. Nunca más volverá a pisar el suelo de su país.

La República llega a Murchante
A la caída de la Dictadura cayó también el alcalde Cayo Chueca, siendo sustituido por un concejal que lo había sido desde 1923: Jesús Hernández Soria.
La llegada de la República fue un tanto atípica en Murchante, pudiendo decirse que las elecciones van a durar los meses de abril y mayo. Efectivamente por el artículo 29 de la ley electoral fueron designados 7 candidatos el día 5 de abril, posteriormente el domingo 12, los votantes eligieron los tres que faltaban para completar el número de diez concejales.
Se habían presentado dos candidaturas. Una el llamado Bloque católico que agrupaba a los representantes de la derecha y otra denominada Conjunción Republicano-Socialista de claro matiz izquierdista y antimonárquico. El triunfo después de las dos jornadas correspondió claramente al Bloque Católico ya que sólo un concejal podía considerarse de izquierdas.
Ante las noticias que van llegando de las diversas partes de España la vista de lo ocurrido el día 14 en Tudela, en que alas seis y media de la tarde los concejales de la Conjunción Republicano-Socialista habían proclamado la República, en Murchante los recién elegidos requieren al alcalde anterior la entrega de poderes y ellos por su cuenta proclaman la República a las 2 de la tarde del día 15 de abril.
Acto seguido acuerdan, según el acta de la sesión:
1. Que se retiren las fotografías de D. Alfonso y Dña. Victoria representantes del Régimen caído.
2. Declarar la República española en el pueblo de Murchante, dándolo a conocer al pueblo por medio de bando.
3. Colocar la bandera nacional -republicana en el balcón de la casa consistorial».
También en aquella histórica sesión se procedió a la elección de alcalde que resultó ser Manuel Martínez Martínez, a quien ya hemos visto ocupar el cargo con anterioridad a la Dictadura. La sesión concluyó con un «¡Viva la República!» del. alcalde mientras levantaba el bastón de mando.

Sin embargo este ayuntamiento va a durar pocos días ya que ante las alegaciones presentadas sobre posible ilegalidad de las elecciones, e1 Gobierno Civil ordena se repitan el 30 de mayo. Mientras tanto se hace cargo del pueblo una gestora compuesta por Roque Jarauta y Ernesto Murillo.
Llegó la fecha señalada, hubo votaciones con una alta participación, 86% de los 531 inscritos y el resultado apenas varió. El Bloque derechista obtuvo 8 concejales, por dos la Conjunción Republicano-Socialista: Tomás Martínez y Gregorio Soria. Los nombres más votados, Manuel Martínez (174 votos) y Genaro Alava (173).
Acabado pues el proceso electoral el Ayuntamiento quedó constituido así :
Alcalde Manuel Martínez
Teniente Alcalde Hilario Simón
Teniente Alcalde Fernando Fernández
Concejales Ramón Francés
Claudio Calahorra
Cayo Simón
Sebastián Martínez
Genaro Alava
Tomás Martínez
Gregorio Soria

El único cambio significativo con respecto al primer ayuntamiento lo constituye la entrada de Gregorio Soria de ideas socialistas. Por lo demás la República apenas alteró el panorama político en Murchante porque los que habían dominado el ayuntamiento con la Monarquía siguieron haciéndolo con el nuevo régimen. Obsérvese que los tres primeros han sido alcaldes con anterioridad.
Este ayuntamiento continuó sin apenas cambios hasta 1935 cuando Manuel Martínez presentó la dimisión por motivos de salud. En sesión de 27 de abril los concejales eligieron a Fernando Fernández, quien seguía siendo alcalde al comienzo de la Guerra Civil.

Problemas planteados durante la República
Está claro que el ambiente de enfrentamiento que habían propiciado las elecciones, había aumentado al tener que repetirlas tres veces en el corto período de dos meses. Además el abultado triunfo de las derechas enconó más los ánimos entre los partidos y organizaciones de
izquierdas. Por todo ello, al menos durante los dos primeros años de la República el ambiente fue bastante tenso y presto a saltar la chispa en cualquier momento como de hecho así ocurrió.
Ya desde el principio la Alcaldía intentará a través de bandos que haya tranquilidad y pacífica convivencia. Así el 15 de junio indica «que ya es hora de que renazca la calma en los vecinos para la tranquilidad y paz en las familias». Pero no debió tener mucho éxito cuando los incidentes se repiten constantemente e incluso alguno de ellos tuvo mayor importancia como el ocurrido la noche del 17 de enero de 1932 en que el joven José Echegoyen Aguado fue golpeado por otros mozos cuando se retiraba a su domicilio. La denuncia llegó hasta el gobernador .

El problema religioso
Dentro de este clima de enfrentamiento fue la cuestión religiosa la que dio mayores quebraderos de cabeza a las autoridades. En un pueblo tan religioso como lo era Murchante en aquellos años las medidas tomadas por el gobierno central republicano con respecto a la Iglesia Católica contribuyeron a exaltar más los ánimos. No debió ser ajena a ello la actitud del párroco Pedro Legaria quien desde el púlpito o en la intimidad hacía declaraciones contra el régimen político imperante.
Digo esto porque en noviembre de 1931 el gobernador hubo de tomar medidas sobre «supuestas declaraciones» del párroco. Los incidentes comenzaron en mayo cuando a poco de iniciarse la República, los jesuitas de Tudela, ante el cariz que tomaban las cosas con la quema de conventos, abandonaron el suyo buscando refugio en Murchante. El comité republicano de Tudela hizo llegar al ayuntamiento su protesta por haber acogido a los religiosos. Ante el temor que viniesen a por ellos, los socios del Círculo Católico y algunas mujeres permanecieron en vela por la noche junto a la carretera armados de palos, horcas y armas de fuego. Afortunadamente nadie subió de la ciudad del Ebro.
Mayor importancia revistieron los incidentes de febrero de 1932. La orden de retirar los crucifijos de las escuelas dada por el gobierno desató las iras de los creyentes. Un numerosos grupo, mujeres y niños principalmente recorrieron las calles del pueblo, insultando a los vecinos de ideas republicanas y golpeando sus puertas y ventanas; después llegaron a las escuelas donde agredieron a la maestra, Mª Luisa Oscáriz, destrozando gran parte del material escolar .
Los concejales de izquierda se quejaron al gobernador de que la fuerza pública fue llamada tarde cuando ya los ánimos se habían calmado, por lo que solicitaban que los gastos ocasionados los pagasen el alcalde y demás concejales de su grupo. El incidente tuvo bastante trascendencia en la provincia y el gobernador instruyó un voluminoso expediente. Todavía en julio se pedía información desde Pamplona sobre «si el párroco observa una actitud neutral y no se inmiscuye ahora en los asuntos políticos» .

El paro
Otro grave problema y que se mantuvo durante toda la República lo constituía el paro entre los jornaleros. Desde luego el asunto venía desde muy lejos al menos de los últimos 80 años, con la pérdida de los comunales y el aumento demográfico registrado en Murchante.
Pronto se creó una oficina de colocación en el Ayuntamiento y un comité donde participaban patronos y obreros. Posteriormente se implantó un registro de obreros agrícolas sin trabajo, del cual se tomaban los jornaleros que trabajaban en proyectos municipales. La U .O. T .
propuso repartir y roturar los comunales que quedaban como medio de paliar el paro. Asimismo se plantaron pinos a partir de 1933, pinos que son los únicos que existen en todo el término municipal y que han estado a punto de desaparecer por la desidia de ayuntamientos posteriores.
El paro generaba conflictos como el que planteaba en 1932 la U. G. T. al gobernador denunciando la discriminación que se hacía en la Bolsa de trabajo con los parados. Según este sindicato algunos propietarios de tierras contrataban los peones más acordes con sus ideas políticas sin hacer caso de las listas. Bien es verdad que al menos este punto se fue solucionando y así vemos cómo en 1936, allá por mayo, se publica un bando en el que se ordena a los patronos vayan a buscar los braceros en la oficina local de colocación de 4 a 6 de la tarde. A veces las tensiones desembocaron en anuncios de huelgas. Generalmente se buscan momentos de gran demanda de mano de obra como en la siega o la vendimia. Importante fue la que protagonizaron los vendimiadores en octubre de 1932 pidiendo mejoras salariales y delimitación de horario. Después de algunas conversaciones se llegó aun acuerdo; por él se establecía un horario de 7 de la mañana a 5 de la tarde, con 1 hora para almorzar y otra para comer. Respecto a los salarios se pagaban 5 ptas. a los vendimiadores mayores de 14 años. Las mujeres, tan abundantes en las cuadrillas, cobrarían 3,5 ptas. Por el contrario los obreros que faneaban en las bodegas por tener jornada más larga recibían 6 ptas. diarias.

Los comunales
En nuestro pueblo no tuvieron los comunales la trascendencia que en otros lugares de Navarra. La razón era evidente: los terrenos comunes que quedaban o eran inviables desde el punto de vista agrícola, caso de Las Hoyazas o se hallaban muy lejanos del pueblo, caso de la corraliza de La Torre. Sin embargo desde muy pronto los socialistas solicitan el reparto de las tierras. Así ya el 25 de septiembre de 1931 se trata el tema en el pleno municipal sin llegarse a ningún acuerdo. En noviembre se vuelve a la carga, comentándose extensamente las gestiones que se han llevado a cabo así como los problemas que pueden surgir .
El año 1932 vuelve a ser el año decisivo. En febrero, hay un nuevo escrito de la U.G.T. solicitando el arriendo de la corraliza de La Torre para cultivarla en colectividad. El escrito va firmado por el presidente José Mª Magaña y toda la junta directiva. Tras la negativa del ayuntamiento los socialistas tomaron la decisión de ponerla en cultivo por su cuenta, lo que provocó las denuncias del ganadero que la tenía alquilada y la guardia civil impidió que siguieran las labores. Ante la gravedad de los hechos el gobernador inicia una investigación a la que son llamados a declarar por una parte la U. G .T. y por otra el ayuntamiento con miembros del Sindicato de Trabajadores del Campo, de tendencia derechista. Oídas las partes se dio la razón a los primeros, ordenándose al alcalde que en plazo de 90 días se iniciase la repartición. El terreno se dividió en parcelas de 3.000 m.2 cada una y una vez preparadas se sortearon entre los vecinos. Sólo quedaron sin roturar las zonas más bajas, de terreno pantanoso y que no pudieron ser laboradas con los medios escasos de aquella época.
Posteriormente en 1936 le tocó el turno a Las Hoyazas. En marzo se parcelaron y en mayo, concretamente el día 19, se repartieron a sorteo. No obstante la mala calidad de las tierras impidió resultados positivos. Paralelamente a estos acontecimientos se creaba la conciencia en
Murchante de la necesidad de añadir al término municipal las tierras del desaparecido Urzante. Las razones eran varias pero se centraban en dos. Primeramente lo exiguo del término municipal en relación a lo crecido del vecindario. En segundo lugar se aportaban datos por los
que resultaba evidente que el 60% de las tierras de Urzante eran propiedad de murchantinos.
Por todo ello se dirigió en abril de 1935 un informe a la Diputación en el que una vez expuestas las razones se solicitaba pasase a Murchante el 60% del término municipal de Urzante. No hubo mucha suerte y pudieron más los intereses de otras partes; hoy a fines del siglo XX sigue sin resolverse la cuestión y creemos puede ser un momento decisivo para volver a plantearla.
Otros aspectos de la vida murchantina
Como iremos ido viendo a lo largo de estos años, Murchante, como la sociedad española, aparecía profundamente dividido. Dos bandas de música, «la vieja», la de Jesús, el herrero; «la nueva», de Bernardino. Dos casinos: «El Círculo Católico» que agrupaba a las derechas, mientras que «La Amistad» cobijaba lo que podíamos denominar izquierda.

Sindicatos .
En relación a la sindicación continuaba la Caja Rural que vimos fundarse en 1908, empero pronto surgieron otros sindicatos y agrupaciones.
El primero en nacer fue el Centro Republicano-Socialista cuya sede estaba en la calle Mayor en los locales que hoy ocupa el salón García y que lo hizo a poco de proclamarse la República. Era presidente Julio Orta y secretario Antonio Rosel.
Poco después se formó la U.G.T. con dos secciones: Oficios varios, y Sociedad de Trabajadores de la Tierra cuyo local social se ubicaba en los Bajos del n.o 22 de la calle Triunfante, hoy ocupados por una pescadería y el despacho de lotería. Hasta 1936 en que fue disuelta tuvo tres presidentes: Amancio Aguado, José Mª Magaña y Antonio Pérez. En 1932 hay constancia tenía 175 afiliados con BIas Simón ejerciendo de secretario.
-En diciembre de 1931 y para contrarrestar la influencia de la U.G.T. se creó el «Sindicato de Trabajadores del Campo» que agrupaba a jornaleros y pequeños propietarios. Era de inspiración católica y su primera junta rectora la componían:
Presidente: Cecilio Orta
Secretario: Francisco García
Vocales: Gregorio Arriazu
Leoncio Hernández
Tomás Magaña
Carecía de local social propio.
Posteriormente en 1932 y ante el cariz contrario a sus intereses que tomaban las disposiciones del gobierno, se formó la Asociación de Propietarios de Fincas Rústicas, que agrupaba a los mayores propietarios. La presidencia la ejercía José Pardo Olano y como secretario aparece Fernando Fernández.
Sociedades
Lo que más llama la atención de aquellos años a quien los observa desde la perspectiva actual es la intensa vida asociativa. Aparte de los sindicatos existían ya, o van a ir surgiendo, una serie de centros, cuyo carácter mixto: recreativo-cultural es evidente. Como también es muy claro la polarización que ello conlleva. Un casino que, con el nombre de Círculo Católico, agrupaba a gran parte del pueblo, servía de lugar de reunión y encuentro siendo necesario el constituirse en socio y pagar una cuota mensual. Como su propio nombre indica estaba formado por personas de ideas conservadoras. Se ubicaba en la calle Mayor, en el solar que hoy ocupa el Bar
de Curica.
Conforme avanza la República los enfrentamientos son más numerosos y las posturas se van haciendo irreconciliables. Así en el verano, de 1932, el concejal de izquierdas Gregorio Soria se queja amargamente al ayuntamiento «por el trato que reciben de las mujeres y hombres
reaccionarios del Círculo Católico». Entre los perseguidos y vejados figuran Santiago Escribano, Roque Jarauta, Julio Orta, Angelo Simón y el propio Soria. En general son personas acomodadas y cuyas ideas chocan con las de los socios del Círculo. Como por otra parte también diferían de los más radicales de la U. G .T. pensaron en formar una sociedad de carácter apolítico a la que denominaron LA PEÑA. Los estatutos se presentaron en el Gobierno Civil de Pamplona en octubre de 1933 y la primera junta directiva la formaban:
Presidente: José Simón (Josepe)
Vicepresidente: Calixto Martínez
Secretario: Antonio Rosel
Vocales: Ramón García
Isaac Martínez
José Escribano
Los locales también estaban en la calle Mayor, y constaban de planta baja y primer piso, aunque existía una clara diferenciación. Ser socio de la parte superior costaba una peseta mensual, mientras que el local de abajo sólo 10 céntimos.
No sabemos por qué razones se disolvió en noviembre de 1935, pero evidentemente tuvo mucho que ver con la aparición de la Sociedad de Izquierda Republicana, más conocida como LA AMISTAD. Se constituyó ésta en diciembre de 1935 y parece ser tenía abundantes socios que pagaban 50 cms. al mes. Su local social estaba en la calle Triunfante, encima de los bajos ocupados por la U. G .T . la presidía Francisco Rosel. Secretario: Aproniano Ullate; encargándose de la tesorería: Gregorio Soria.
No acaba aquí la lista de sociedades porque allá por el tiempo en que se creaba LA PEÑA, otro personaje JOSE PARDO OLANO solicitaba al ayuntamiento el «Palacio del Sr. Obispo» para crear una «Sociedad Mutua». La corporación accedió a la petición alquilando el local por un período de cinco años y con una renta anual que ascendía a 200 ptas. Ignoramos cuál fue la vida posterior de esta sociedad.
El entusiasmo de los miembros de estas sociedades en defensa de sus ideas era intenso y por ello organizaban actos, conferencias y sobre todo mítines políticos en período electoral. La U. G .T. celebró el 20 de marzo de 1932 en los locales del Centro Republicano-Socialista «un acto de propaganda societaria» , en él intervinieron Tiburcio Osácar y Julia Alvarez. Esta última, mujer de gran fuerza oratoria, era maestra y como recordarán los lectores había ejercido la enseñanza en Murchante durante los años de la Dictadura. Asimismo tenemos noticia de un mitin del P .N. V. en el que estaba previsto que hablaran Irujo y Dionisio Ullate, a quien también vimos de maestro con la Dictadura. Desgraciadamente el clima de violencia que se vivía era tal que los falangistas locales abortaron el acto impidiendo que actuaran los oradores.
Desgraciadamente todo ello no duró mucho, la guerra civil que arrasó y rompió tantas vidas e ilusiones se llevó también por delante a todas las sociedades que podemos agrupar con el nombre de izquierdas. Sus locales fueron cerrados, su mobiliario incautado, y sus socios, muchos encarcelados e incluso algunos fusilados. Atrás quedaba un período de fuerte enfrentamiento pero también de intensas y utópicas ilusiones de cambio que quedaron enterradas por largos años de silencio.
Terminada la guerra ya nada sería igual en Murchante.