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Folclore_Murchante

Murchante

La larga lucha por su libertad

Folclore

FOLKLORE MURCHANTINO
Alguien ha dicho que el folklore, que es el conjunto de tradiciones, leyendas y canciones de un pueblo, muestra en sí mismo el carácter y el alma de esa comunidad. Murchante conserva un folklore actual pero, sobre todo, lo ha tenido vigoroso y hasta nosotros han llegado tradiciones que son el reflejo desvaído del sentir y del vivir de otros tiempos que ya no volverán.
Para el hombre actual, absorbido por la vorágine del ruido y de las prisas, esclavo miserable del reloj le es muy difícil imaginar la vida de otros tiempos donde las horas, los días y los meses tenían otro ritmo.

Un ritmo que se acompasaba a la madre naturaleza y que tenía en el sol el árbitro del tiempo. El señalaba el comienzo y final del trabajo:
«de sol a sol», y su paso por el firmamento condicionaba las estaciones a las cuales se adaptaba inexorablemente la vida del hombre.
La iglesia, inteligentemente, no destruyó ni transformó los ritos de los pueblos paganos, poniendo en su lugar ceremonias cristianas. Colocó en las torres la voz candenciosa de las campanas, y a través de ellas distribuyó la vida de nuestros pueblos y ciudades.
Muy pocos tenían reloj y la verdad es que no lo necesitaban. Las voces de los auroros indicaban a los perezosos que el alba había llegado; más tarde las campanas del Angelus, recordaban el mediodía y, al atardecer, el quejumbroso «toque de ánimas» invitaba a recogerse abandonando las últimas tareas. jCuántos de nosotros recordamos al «tío Ortega», avanzando con las postreras luces del día, haciendo sonar la campanilla mientras solicitaba una oración en recuerdo de los
difuntos!

Sí, el día no tenía sino tres horas: Aurora, Angelus y toque de Animas, y las demás no contaban apenas; en el año, no existían meses ni fechas concretas. Nadie recordaba que había nacido tal día del mes de. .., sino que fue el día de la procesión de la Virgen del Rosario, el segundo domingo de cuaresma o la festividad de San Gregorio. Incluso en los arrendamientos y contratos se fijaba el principio o final: para Navidad, en la Pascua, para San Miguel... En la escritura por la que se compromete Francisco de Gurrea a entregar el retablo del altar mayor de la Iglesia de Murchante, espe.cifica que «dicha obra se a de dar acavada para el día de la Asunción de Nuestra Señora de este año que biene» .

Una serie de fiestas religiosas dividían el año esparciéndose por él y constituyendo con sus ritos el folklore de las diversas estaciones. En nuestro pueblo, que pertenecía al obispado de Tarazona eran fiestas de guardar entre otras, Santa Agueda (5 de febrero), San José (19 de mar-
zo), San Gregorio (9 de mayo), Santa Quiteria (22 de mayo), La Exaltación de la Cruz (14 de septiembre), sin contar las Fiestas Patronales, el Cristo de la Siembra (2.0 domingo de noviembre) y La Virgen de Nuestras Manos (lunes de Pascua Florida) tan enraizadas en la tradi-
ción popular . Veamos a continuación los ritos, ceremonias y folklore con que se
festejaban algunas de ellas.

SAN ANTON:
El 17 de enero, se celebraba la festividad de San Antonio abad; hasta hace poco años acudían los vecinos con los animales domésticos: caballos, asnos, cabras e incluso algún cerdo, a la placeta de la iglesia donde se había colocado una cruz. Los animales debían dar tres vueltas alrededor de ella antes de regresar a las casas.
Con ello se intentaba preservar de enfermedades a las bestias fa miliares, pidiendo la intercesión de San Antón.

SANTA AGUEDA:
El culto a esta virgen y mártir siciliana, ha estado muy arraigado en Navarra y Aragón. Existía la creencia de que la noche de Santa Agueda (5 de febrero) se distribuían las tormentas del verano y por esto aquella noche se tocaban las campanas con un tono rítmico y monocorde en un intento de alejar los malos nublados de nuestras tierras.
Mi abuela, que vivía en una casa adosada a la iglesia me contaba lo que las campanas querían decir, mientras mis oídos infantiles aturdidos por los sonidos, escuchaban asombrados:
Téntere nublo -tente tu
Las campanas -van por tú
Si eres agua -ven acá
Si eres piedra -vete allá.
Se encargaba de esto el sacristán que era remunerado por ello, ya que pasarse, en febrero, la noche en el campanario, era de héroes.
En 1776, se pagaron a Mateo Lorente «2 reales y 4 maravedís por tañer las campanas la noche de Santa Agueda» .
En la actualidad los monaguillos y el sacristán se reúnen en cena amistosa para dar buena cuenta de lo que han recaudado en la colecta efectuada casa por casa.

CONJURO DE TORMENTAS
Cuenta Iribarren, en su libro «De Pascuas a Ramos» que durante siglos estuvo muy extendida en Navarra, la costrumbre de subir los párrocos a las torres de las iglesias si presentían peligro de tormenta; desde allí con letanías, salmos y tañer de campanas, conjuraban la tronada para que se alejase o dejase sus aviesas intenciones.
Asimismo en muchos lugares se solía hacer regularmente desde la Cruz de mayo (3 de mayo) hasta la de septiembre (14 de septiembre), que es el período de mayor peligro de ellas.
En Murchante también se cumplía este rito y lo sabemos porque en 1586, mientras el vicario, subido a la torre, conjuraba las nubes amenazadoras, cayó un rayo que mató a uno de sus jóvenes acólitos dejándole a él malherido. Véase a este respecto el artículo «Una tormenta trágica» que aparece en la sección de MISCELANEA.

LA VIRGEN DE NUESTRAS MANOS:
Los de Tudela, Corella y Murchante acudían en romería a esta ermita en fechas diferentes. Nuestro pueblo lo ha hecho desde tiempo muy antiguo el lunes de Pascua. Hay constancia documental al menos desde 1768 porque en el contrato de arriendo de la carnicería de ese
año, se especifica que el arrendador «a de dar a los señores Regidores diez libras de carnero y dos corderos. ..para el gasto que se hace en la Rogatiba a Ntra. Sra. de Mis Manos».
Allí acudía en masa el pueblo con sus autoridades y todos juntos, según Iribarren, después de la función religiosa, se entregaban al juego favorito: «LA TABA». No importa que estuviese prohibido; a los de murchante se les autorizaba a jugar durante ocho horas sin ser castigados. A la vuelta, los mozos, caballeros en sus corceles, hacían las típicas «joyas» y al que ganaba se le premiaba con un animal comestible.
Tan larga tradición se truncó definitivamente en los años de la II República y nunca más ha vuelto a la vida. Lástima que se haya perdido algo tan típico y entrañable.

SAN GREGORIO
He aquí una tradición que no se ha perdido y se mantiene vigente. El 9 de mayo, el párroco, acólitos y acompañantes recorren los campos en rogativa, bendiciéndolos y rezando las letanías hasta llegar al cabezo donde se alza el pilar con la imagen de San Gregorio.
El origen dé esta ceremonia en Murchante nos es desconocido. Según J. Antonio Fernández en su obra «Cascante, ciudad de la Ribera», San Gregorio, monje benedictino del siglo XI, libró a Navarra de una plaga de langosta que la asolaba. Sepultado en su Basílica de San Gregorio Ostiense, en tierra Estella, pronto se convirtió en «especial abogado contra la langosta, pulgón y otros insectos dañosos».
En Tudela todos los años un ermitaño traía el agua bendita pasada por la cabeza del Santo; con ella se bendecían los campos. Iribarren afirma que esta costumbre desapareció de la ciudad en el siglo XIX.
Creemos que en nuestra zona comenzó a usarse la costumbre de bendecir los campos a partir del siglo XVI cuando plagas de arañuela y otros insectos iniciaron el ataque de las viñas y se popularizó con la plaga de langosta que padeció la Ribera a finales del siglo XVII. Puede
que entonces nuestros antepasados instalasen el pilar desde el que domina el Santo los campos del Monte de las Viñas.

En la actualidad, el día es fiesta escolar, y muchas madres acuden con sus hijos a pasar el día al monte de San Gregorio, celebrándose «joyas» muy interesantes tanto entre las madres como entre los hijos. Quizá desde el Ayuntamiento debería darse mayor realce a esta fecha,
puesto que es c;le lo poco que nos queda de nuestro -en otro tiempo-rico folklore.

ROMERIA A PEDRIZ:
También existía otra romería o rogativa que desde Murchante iba a Pedriz. Poco sabemos de ella, sólo que en 1776 se gastó el Ayuntamiento 20 reales para atender a los Regidores que habían acudido a ella; por lo demás desconocemos la fecha en que se celebraba ni la ad vocación del Santo al que se dedicaba. Sólo podemos conjeturar que era de menor importancia que la de Nuestras Manos, puesto que para ésta se destinaban 40 reales, mientras que en la de Pedriz estaba presupuestado la mitad.

EL MAYO
Todavía hace pocos años podía verse en la Plaza de los Fueros, un esbelto chopo clavado en el centro de ella, luciendo su desnudez durante los días del mes de mayo. y digo desnudez porque al árbol, generalmente su chopo, se le había despojado de sus ramas e incluso de la corteza, de tal manera que la superficie aparecía lisa y blanquecina. Era EL MAYO. En lo alto, en su copa, colgaba algo valioso que los mozos más decididos intentaban arrancar con evidente peligro de susvidas. Murchante debió ser de los últimos pueblos que conservaron esta costumbre porque Iribarren en su libro ya citado, escrito por los años cuarenta, señala que sólo quedaban vestigios en Cintruénigo, Murchante y Villafranca. Cuenta también que el origen del MAYO podía estar
en las tradiciones romanas dedicadas a FLORA, diosa de la primavera. Puede que tenga razón puesto que nuestra zona estuvo intensamente romanizada. El árbol, que se escogía entre los más altos de la huerta, se plantaba el día del Corpus Cristi, permanecía así durante ocho días y en el octavo, el pueblo entero acudía a presenciar la caída del Mayo, derribado a tirones de cuerda entre chillidos y aplausos. Ya he dicho que los últimos años se colocaba en la plaza, sin embargo anteriormente su lugar estaba en el P ARETON destacando en la cima una faja de seda y el ramo de cerezas tempranas. Aún vive el tío Ferrer, de quien cuenta la leyenda popular que ascendía por el Mayo cual ardilla, llegado a la copa se daba la vuelta y bajaba de. cabeza mientras el público espectante contenía el aliento.
El Mayo, su ceremonia y significación, penetró profundamente en el pueblo. «Más alto que un Mayo», se dice de algo o de alguien, e incluso ha llegado a dar sobrenombre en Murchante a una familia, apodada «los Mayos» por la elevada estatura de alguno de sus miembros.