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Comentario de Mario Gaviria

Comentario de Mario Gaviria (Sociologo):

    Charela es canela, pura leche merengada, alguien que vive artísticamente y produce placer a su alrededor, cuadros que son una golosina para el mirar. Es pintura sólida que va a más. Desde hace casi veinte años vive de y para los pinceles.                     En esta época dulce pobló el Casco Viejo de Tudela de ninfas, de aquellas que veía hace 150 años Gustavo Adolfo Bécquer en los manantiales del Moncayo.
Charela las fue pescando cuando bajaban por el Queiles las noches de aguada y resaca. Sus cuadros de hadas, ninfas, lamias sin pies de oca y sus tres damas, siempre varias y siempre juntas, repoblaron y laegraron los palacios de piedra y  ladrillo. Ahora sólo quedan en Tudela las tres damas, sus últimas ternuras; las otras se las llevaron silenciosamente gigantescos camiones de mudanzas Ebro arriba. Hoy las poseen en salones de placer lujuriosos riojanos.
    ¡Qué hermosos cuadros de dulces damas, seres distantes, qué hermosuras con ojos de almejas y almizcle, siempre de otros, producto del delirio febril del poeta romántico sevillano, tuberculoso terminal a su paso por Tudela y Fitero, buscando el milagro de la salud por el agua! Durante siglo y medio vagaron, protegidas por las brumas de Trasmoz, entre el Moncayo y Tudela, ninfas de nadie pintadas por Charela. Espejísmo y calentón expréss, de la pintura negra al pincel dulce, y ahora
tauromaquias y paisajes urbanos tudelanos.
    Charela vive y crea en un espacio mágico, el Casco Viejo, de trazado mudéjar, con una luz y un sonido de medina andaluza, un caserón de barroca y exhibicionista escalera poblada de criados en paro, inmóviles maniquíes que protegen a las ninfas
ya vendidas, pero cuyos espíritus perduran. La luz de mañana entra por la Plaza del Mercadal y de tarde por Herrerías, filtrada por cien cortinas y tabiques, matizada hasta el caballete. Luz reflejada tomada en el tríptico de Herrerías, la calle salón más bella de Navarra, es el mejor paisaje de Tudela pintado en el último decenio.
Los cielos sobre estas fachadas proporcionan a Charela la ocasión de mostrar su
actual etapa metacriptofísica., Charela percibe sensaciones que a otros nos están vedadas, quiere conseguir armonía entre el ser humano y las superformas, dice que estamos rodeados de energías inteligentes y concretas que a veces producen sufrimiento y duda, con las que quiere conectar: «Yo veo un árbol grande y me da un meneo, es vida que hierve. Los cielos de mis cuadros de fachadas de Herrerías reflejan el chisporroteo que veo y que voy a conseguir plasmar cada vez con más
precisión».
    Charela, albahaca santanera con incienso, cirio, cera y campana, líbido activa y
concreta, es pura agüita de limón.

Mario Gaviria.

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